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Gaudí: Arte y Naturaleza

Actualizado: 18 ago 2020

Hay algo mágico en esas arquitecturas que te atrapan y hacen volar tu imaginación.  Recuerdo que la primera vez que estuve en la Casa Batlló, volví a mi infancia y a viajar con Verne en el Nautilus. Toda la obra de Gaudí, es un misterioso hechizo que te envuelve y seduce. Todo el mundo sabe mi pasión por el Arte Medieval, y contemplando la obra de Gaudí, una no puede menos que recordar las palabras de Bernardo de Claraval: “Cree en mi experiencia; hallarás más sabiduría en los bosques que en los libros; los árboles y las piedras te enseñarán aquello que los maestros no pueden”. No creo que sea casualidad que en la Sagrada Familia, aparezcan, San Bernardo de Claraval y San Francisco de Asís, esos dos revolucionarios medievales que hicieron de la sencillez y la naturaleza su inspiración.

Eso es lo maravilloso de su obra, el mismo decía, que su gran originalidad, era haber vuelto al origen. En su intento de alabar al Creador, nos señaló con el dedo de su Arte, con mayúsculas la Creación a nosotros. Para desgracia nuestra la Guerra Civil, destruyó gran parte del archivo de Gaudí, lo que nos ha impedido conocer más a fondo al hombre, su personalidad y sus pensamientos, aun así es fácil perderse en el maremágnum de libros, y artículos en internet, que se han dedicado a este catalán universal, algunas de estas fuentes han sido consultadas para realizar el presente trabajo, tanto en biblioteca, como a través de internet.

Daniel Giralt Miracle, crítico de Arte, dice: “Gaudí es intrínsecamente dual: artesano y artista, mago y técnico, modernista y expresionista, arcaico y moderno, sacro y profano, del siglo XIX y del siglo XX y éstas, que parecen fuerzas contradictorias, son a nuestro entender las que generan una energía dialéctica que da como resultado la contundencia formal y conceptual de este genio atípico, sobre el que ya se han escrito decenas de libros, pero del que aún quedan facetas por descubrir”[1]

Fernando Chueca Goitia, el prestigioso arquitecto, historiador del arte y académico, hizo unas precisiones que describen exactamente el lugar que ocupa Gaudí en el arte y en la arquitectura. Se refirió a él como al «más grande artista español entre Goya y Picasso (…) del que no es fácil hablar, por tratarse de un hombre muy complejo y por las circunstancias que rodean su vida”, para concluir que se encuentra «más allá y más acá de la arquitectura».

No quiero comenzar el trabajo, sino es recordando lo que Salvador Dalí, comentó a Le Corbusier, cierta tarde tal y como cuenta en su ensayo “ De los viejos cornudos y el Arte Moderno”, “el último gran genio de la arquitectura se llamaba Gaudí, cuyo nombre, en catalán, significa «gozar», así como Dalí quiere decir «deseo». Le expliqué que el goce y el deseo son propios del catolicismo y del gótico mediterráneo, reinventados y llevados al paroxismo por Gaudí. Mientras me escuchaba, Le Corbusier parecía tragar sapos y culebras.”[2]

            Si este genio dijo estas palabras sobre Antoni Gaudí, que puedo yo hacer más que admirar su obra, cuyos edificios ya han sido declarados monumentos histórico-artísticos o bienes culturales del Patrimonio Mundial de la Unesco, y rendirle un pequeño tributo con este trabajo, cuyo objetivo principal, es que yo misma, conozca mejor su obra y entienda esos edificios que me dejan boquiabierta tanto en su exterior como en su interior, así  como en su decoración.

1.-INTRODUCCIÓN

La obra de Gaudí, no puede encuadrarse dentro de un estilo arquitectónico, ni se le puede achacar que sea discípulo de ningún maestro. Los métodos utilizados para estudiar otros arquitectos no sirven para este genio  ya que sus métodos creativos no tienen nada que ver con lo que hubo antes de él y después de él. Sus propios contemporáneos sabían que con él, se abrían nuevos caminos en la forma de hacer y entender la arquitectura. Su forma de entenderla es tan singular, que no parece arquitectura.

Y es que Gaudí es único en su forma de entender la arquitectura. Es inimitable, todos los que lo han intentado, han fracasado. Esta forma de entender el Arte,  nace de la observación minuciosa de la naturaleza y se podría decir que sus verdaderos maestros son el mar, el cielo, las nubes, el agua, plantas, animales, montañas, y nuestros propios cuerpos. De ahí que sus obras tengan apariencia geológica, zoológica y botánica.  El propósito de la naturaleza es útil y funcional, pero crea la belleza más sublime. Y él,  quería precisamente imitar eso. Y quizás precisamente por ello, su arquitectura está fuera del tiempo. Su arquitectura, es el tributo humilde a las leyes de la naturaleza, que son el referente único y válido para construir, de una forma coherente y racional, alejándose de derroches económicos y modas absurdas.

Gaudí no copia la naturaleza, sino que trata de comprender las relaciones que existen entre formas, funciones, estructuras y composición final, a partir de ahí crea soluciones para levantar edificios.

Su visión es pura, ingenua y procede de haberse criado en una familia humilde que le hace ver las cosas sin prejuicios, de una forma ingenua. Las soluciones que buscaba en sus obras son prácticas, sencillas y funcionales, y los resultados son verdaderamente magistrales.

Los métodos que emplea son sencillos e intuitivos, y buscan el equilibrio, la estabilidad del edificio. En la tesis del doctor en Arquitectura Hou Teh-Chien, se sostiene que la forma de hacer filosofía de Gaudí, y expresar sus ideas, fue por medio de la construcción de sus edificios.

Pero pese a esa humildad, su ambición es inmensa, según J.F Rafols, “Gaudí en su obra trata de descifrar los secretos del gran misterio cósmico.” Y trata de hacerlo como la naturaleza, es decir de una forma libre

El arquitecto catalán, siente profunda admiración y respeto por el arte de los maestros góticos, pero supera el gótico, no se limita a copiar como sus románticos contemporáneos antiguos modelos, o adorar ruinas inventadas.

Los maestros canteros utilizaran el arco ojival, que produce menos empujes. Utilizaran pilares y vaciados de muros para conseguir que la luz inunde sus templos. Y disponían de arbotantes y contrafuertes que actuaban en este sentido para anular los esfuerzos horizontales de arcos y bóvedas. Articularon los diferentes elementos a través de nervios y claves de bóveda a nivel constructivo y formal, no sustentando como se creía hasta los bombardeos de la II Guerra Mundial, sino actuando como cimbras provisionales durante el proceso constructivo.

Gaudí superará al arco ojival con el arco parabólico (muros) y catenario (exentos) utilizando la geometría reglada que descubre en la naturaleza. Utilizará pilares inclinados para absorber esfuerzos y cargas, generalmente es así en la naturaleza, donde apenas se ven líneas rectas. Al usar estos pilares inclinados, suprimirá la necesidad de arbotantes y contrafuertes, así como nervios y claves de bóveda. De alguna forma, Gaudí es el último Maestro Cantero que supera a sus predecesores.

2.- DATOS BIOGRÁFICOS SOBRE EL AUTOR[1]

Nace este catalán universal, en Reus en 1852. Su padre era calderero, así que aunque no pasó penalidades, su familia no era una familia burguesa y adinerada. De niño, colabora en el semanario manuscrito llamado Arlequín, con sus dibujos, donde podemos comprobar su creatividad y a los 16, llama la atención creando junto a dos amigos, una restauración del Monasterio de Poblet, “en un sueño utópico social, sorprendente por la edad de sus autores”.[2] Es curioso este dato, porque desde adolescente, empiezan a darse pautas, y constantes que se repetirán a lo largo de su vida.

De niño estudió el oficio de la forja del hierro y también trabajó en carpintería, de esta forma ya de mayor, podía explicar lo que quería de forma sencilla a sus operarios. Estos eran siempre los mismos y cuando se jubilaban les seguían sus aprendices. La complicidad entre obreros y arquitecto, era completa.

Estudiando la carrera de arquitectura, murieron su madre (por la que tenía gran apego) y su hermano que acababa de finalizar medicina. Su naturaleza era también enfermiza, quejándose durante toda su vida de dolores reumáticos y esto le hace ser una persona retraída, tímida e independiente durante toda su vida. Aunque no era de físico desagradable, el arte de la seducción, nunca fue lo suyo.

Para poder pagarse la carrera tuvo que trabajar de delineante, de esta forma colaboró, diseñando la barandilla de la plaza de Aribau, y participó en el mercado de estructura metálica del Born, diseñando una fuente que fue destruida, de la que al menos hemos conservado el proyecto y fotografías.

Destaca en su carrera, según explica Bassegoda Nonell, en diferentes asignaturas por sus acuarelas de gran colorido y el preciosismo de sus dibujos[3]. Aunque prefirió el uso de maquetas a planos.

Utiliza de forma magistral dos estrategias para el diseño estructural, según explica Raúl Ibáñez, en “EL vientre del arquitecto”: “El método de la maqueta colgante y el método gráfico. El método de la maqueta colgante consiste en diseñar una maqueta a base de pesos, cuerdas… que buscaba la estabilidad fruto de su propio peso y luego al igual que en el caso de la catenaria, se invertía la forma para obtener la forma óptima y estable del edificio. “

En su etapa universitaria y primeros años de profesional, llevó una vida algo desordenada, era arrogante, obrerista y amante del jolgorio, le gustaba vestir y vivir bien como un caballero y pasear en calesa. En esa época va a los círculos librepensadores a discutir de política. En un momento dado “se convierte”, tal y como detalla Orios Camas, en la revista Cataluña Cristiana “le dio un sentido cristiano a cada piedra que apilaba”. Amigo del poeta y exorcista, Jacinto Verdaguer tuvo al igual que amigos masones, amigos que eran frailes, sacerdotes u obispos como Torras y Bages.

Sin duda, se convierte en un hombre de fe, los domingos por la mañana solía ir a misa a la catedral y luego darse una buena caminata hasta el faro del puerto. Amaba la naturaleza como San Francisco de Asís, a quien admiraba. Para él, la naturaleza es la creación de Dios, y si de ella obtenía la inspiración para sus formas arquitectónicas, su intelecto le dice que de alguna forma proseguía de esta forma la obra de Dios, así que decidió llevar una vida digna del honor de realizar ese acto creativo. No soportaba la poesía, porque le daba dolor de cabeza, pese a la amistad con el fraile Jacinto Verdaguer.

No se casó, pero fue muy apegado a la familia. Según Gaudí, la gente del Mediterráneo es sintética y los del Norte, analíticos. Y si bien el análisis es necesario para entender el mundo, la creación artística es sintética.

Elías Rogent, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, cuando le otorgó el título profesional en 1878, dijo lo siguiente: “Aún no estoy seguro de haberle concedido el diploma a un loco o a un genio” y dada la atracción que ejerce entre estudiosos de Arte y turistas, yo diría que lo segundo. Su Licenciatura en Arquitectura, está plagada de suspensos, se saltaba las clases teóricas que le aburrían y se entregaba con pasión en las asignaturas que le captaban, sabiendo en poco tiempo más que sus propios profesores.

En el Acta matrimonial de sus padres, procedentes de un linaje de caldereros, aparecen inconfundibles signos masónicos como el triángulo con un ojo vigilante y criaturas mitológicas. Esto no debe extrañar, porque en la Barcelona de la primera mitad de siglo, y concretamente en la zona de Reus, se habían creado numerosas sociedades secretas afiliadas a la Masonería y los Carbonarios.

Ciertamente estuvo relacionado con masones, pues sabemos que su tío lo fue, así como Eduardo y José Fontsere, para quien trabajó de delineante, o Elías Rogent.

Su compañero de pupitre en la escuela, Eduardo Toda, que será un diplomático famoso, es el jefe de la masonería provincial.[4] Su amigo de la carrera Camilo Olivera, era un conocido anarquista, y con el diseña los planos de la Cooperativa Agraria de Mataró, cuyos planos son dibujados a la extraña escala de 1/666.[5] Por esa época, Gaudí, lejos de ser un buen cristiano frecuenta círculos de corte socialista y conspirador. Es hacia 1894, cuando su vida da un giro completo hacia el ascetismo. Hou Tech-Chien, en su tesis doctoral afirma, que “Gaudí experimentó la iluminación tan común en el budismo Zen. Fue un filósofo que expresó sus ideas a través de la arquitectura como metáfora… tuvo su veta filosófica, pero nunca estudió filosofía, sino que se guío por su intuición. Sucede lo mismo en el Taoísmo”.

Gran parte de su obra se pudo llevar a cabo gracias al mecenazgo de Eusebio Güell, nacionalista catalán, masón y afiliado a diferentes grupos de librepensadores, de esta asociación entre mecenas y artista, nacen algunas de sus mejores obras. El monumento del Parque Güell, encerrado en un triángulo equilátero que forma el monumento a Buenaventura Aribau, finca Güell y el Parque, está repleto de simbología masónica. Aun así, en una guía publicada en 1895, que recogía las actividades de las logias catalanas, el nombre de Gaudí, brilla por su ausencia, y los archivos del arquitecto que podrían haberlo aclarado, depositados en la Sagrada Familia, ardieron en junio de 1936, así como otro incendio en el que se destruyeron sus pertenencias en el Parque Güell, días antes.

Un tranvía lo atropella en el verano de 1926, falleciendo en la sala de indigentes del Hospital de San Pablo. Su aspecto pobre y descuidado impidió identificarle hasta que ya fue demasiado tarde.

Gaudí cohabita con los modernistas, en cuyo contexto vive inmerso, y que muchos de los elementos formales de esta corriente aparecen en su obra, especialmente los relacionados con lo sinuoso y lo curvilíneo, pero no es lícito afirmar que Gaudí es intrínsecamente un arquitecto art nouveau, como puede serlo el francés Héctor Guimard.

Los Güell, los Vicens, los Calvet, los Ba