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De templarios, sufis y lo femenino

Sin duda la Orden del Temple tomó esa idea de la mujer-caballero de Ibn Arabi y los sufis, por eso en las Navas de Tolosa, se dice que hubo guerreras templarias y hubo conventos de monjas templarias. Y bueno… sobre que si Jesús pudo tener relaciones con la Magdalena, ahí tenemos a todos los grandes Maestros de la humanidad que estuvieron casados, y las palabras de Ibn Arabi.

El ideal de realización personal de las virtudes sufíes se identifica con el concepto de fatá. Fatá tiene como significado básico “muchacho” y en particular, dentro de la doctrina sufí de la Futuwwa (Caballería espiritual), alude a un tipo de realización espiritual que se manifestaría en un comportamiento noble, generoso, benevolente y en conformidad con el orden divino. El concepto de Futuwwa se desarrolló ampliamente, algunos sufíes admitieron que ésta no era en absoluto patrimonio de los hombres. Ibn Arabi usa frecuentemente este término remarcando que éste no alude a una diferencia de género: “La perfección de la ruyuliyya (hombría) se encuentra en aquellos que se han purificado a través de la luz del intelecto tras haber emergido de la oscuridad de la naturaleza y el capricho) ya sea hombre o mujer”.

La gran consideración que Ibn Arabi profesaba a las mujeres no sólo se deja sentir en las teorías expuestas en su inmensa obra, sino también, en sus propias vivencias. Probablemente los dos ejemplos que mejor ilustren este último aspecto son las maestras de las que recibió enseñanzas espirituales y la joven Nizam de la que Ibn Arabi se enamoró y que supuso para él una verdadera revelación divina. Por otro lado, a través de algunos pasajes de Futuhat sabemos que compartió con su esposa Maryam bint Abdun sus aspiraciones espirituales. Nunna Fatima bint ibn al-Muthanna, una sevillana nonagenaria de especial elevación espiritual a la que Ibn Arabi se refiere como “su madre espiritual” y a la que sirvió durante varios años. Nunna obraba milagros utilizando la azora Fatiha de El Corán . Shams Madre de los Pobres es otra de las sufíes a las que Ibn Arabi tuvo la oportunidad de conocer. Vivía en Marchena en la época en que Ibn Arabi la frecuentaba y, según él afirma, no había nadie que la superase en cuanto al control que ejercía sobre su alma. Tenía un corazón puro y fuerte y un noble poder espiritual. Solía ocultar el estado espiritual en el que se hallaba y poseía el don de oír los pensamientos de los demás.Otra de las mujeres objeto de reseña en Ruh al-quds aparece tan sólo bajo el epígrafe “una esclava de Qasim al-Dawla”. Vivía en la Meca y tenía el don de cubrir largas distancias rápidamente. De ella nos dice Ibn Arabi que poseía las cualidades de la caballería y que practicaba una dura disciplina de asceta. Es evidente que Ibn Arabi no entiende el concepto de futuwwa en un sentido masculino cuando afirma que “no conoció a nadie más caballeroso que ella en la época en la que vivió.” Zaynab al-Qal`iyya pertenecía a un grupo de sufíes instalados en la fortaleza de los Banu Yamad. “La mayor asceta de su tiempo” poseía una gran belleza y salud, pero voluntariamente se apartó del mundo para ir a vivir a la región de la Meca. Ibn Arabi coincidió con ella en Sevilla y en la Meca desde donde la acompañó hasta Jerusalén. Cuando realizaba dhikr (recitaciones) se elevaba a cierta altura del suelo. Esta mujer, de quién Ibn Arabi decía ser una de las personas más inteligentes de su tiempo y la que con mayor celo observaba las horas de las oraciones canónicas, cierra la lista de las sufíes de Ruh al-qud. Ibn Arabi afirma: “Éstas que te acabo de contar son las vidas ejemplares de quienes te precedieron y de algunos a quienes tú encontraste, tanto hombres como mujeres.”En su obra magna Futuhat al-Makkiyya, , Ibn Arabi afirma que los rangos y dignidades que consigue el hombre puede alcanzarlos también la mujer, de lo que se deduce que también ella puede asumir el más alto grado de walaya o santidad y erigirse en Qutb -en este caso Qutbiyya, -, Polo o Guía de la comunidad espiritual o estado esotérico (al-dawla al-batiniyya).

En el prólogo de esta antología recuerda sus días en la ciudad santa y describe a Nizam del siguiente modo: “Una joven esbelta que atraía hacia sí las miradas. Adornaba las reuniones y a los propios contertulios, al tiempo que turbaba a quienes accedían a contemplarla. Se llamaba Nizam (…). Era la mayor de las creyentes, de las sabias y ascetas, templada y Señora de los dos Santuarios. Crecida en la Ciudad Fiel, aparecía majestuosa y sin doblez, de aspecto embrujador y elegancia iraquí. Cuando se mostraba desbordante (en su parlamento) abrumaba, y si (quería ser) concisa era inimitable. (…) Si no fuera por las almas miserables, prontas en el pensar viciado y los malos prejuicios, hubiese comentado cuanta belleza le otorgó Dios en su creación, así como su naturaleza que era como un vergel de nubes generosas, un sol entre los sabios, un jardín entre los letrados, la verdad sellada (…). Sin nadie semejante en su tiempo, (…) de generosa nobleza, altos designios, (…) la más notable de la asamblea. La ciencia era su labor, poseía un carisma angélico y unos regios designios.”“Se me ha hecho amar de este mundo tres cosas: las mujeres, el perfume y la oración.”

Ibn Arabi comenta el hadiz del siguiente modo:

“Muhammad comienza su enumeración por la mujer y termina por la oración, porque la mujer es una parte de él desde la cual se origina su manifestación, y el conocimiento de ella antecede al de su Señor.” El deseo del hombre hacia la mujer, y esto será una constante en el pensamiento de Ibn Arabi, es análogo al de Dios hacia Sus criaturas, ya que en ellas también está presente una parte de Dios según se expresa en el Corán “Insuflé en él de Mi espíritu” (15:29). El amor que sienten siervo y Señor y hombre y mujer es recíproco; si el hombre siente por la mujer el afecto del todo hacia una de sus partes, la mujer siente hacia él “la inclinación que sienten las cosas hacia su origen”. Para el ser humano -explica Ibn Arabi-, la contemplación de Dios en la mujer es la más completa y perfecta, pues ve a Dios en su dimensión pasiva, es decir, representado a través de ella y en su dimensión activa, como agente creador de la mujer. Como veremos más adelante, el elemento femenino se identificará especialmente y de manera recurrente con el principio pasivo en la cosmología expuesta por Ibn Arabi.

El camino no sólo espiritual sino epistemológico hacia Dios pasa indefectiblemente por lo femenino. Qashani (m. 1329 d.C.), discípulo de Ibn Arabi, insistirá en esta misma idea en su comentario a Los engarces de la sabiduría. Reproduzco la traducción de Izutsu:

“La base u origen primigenio de todo se llama madre (umm), porque la madre es el tallo del que brotan todas las ramas. (…) El origen de todos los orígenes, más allá del cual no hay nada se llama en femenino haqiqa o Realidad trascendente (…) y las palabras que se refieren a la Esencia divina `ayn y dhat, también son femeninas.”

La expresión árabe Al-insan al-kamil a menudo se ha traducido a las lenguas occidentales como Hombre Perfecto u Hombre Universal, dándole un sentido masculino del cual carece el término insan, que es genérico.Ibn Arabi afirma sin ambages que la condición de Insan al-Kamil puede ser alcanzada por hombres y por mujeres:

“Con el término insan no nos referimos al humano en tanto que animal (hayawan), sino como hombre y como vicerregente [de Dios en la tierra]. Nuestras palabras, hacen referencia al [ser humano] perfecto, tanto hombre como mujer, puesto que la humanidad abarca tanto al varón como a la hembra, a la masculinidad como a la femineidad. (…) Ciertamente, ambos son accidentes (`aradan) que no son esenciales a la [noción de] humanidad. (…) El Enviado de Dios -Dios le bendiga y salve- ha atestiguado la perfección en las mujeres, así como en los hombres. Dijo en un hadiz:

“Hizo a muchos hombres perfectos, e hizo perfectas, de entre las mujeres, a María hija de Imran y a Asia, esposa de Faraón.” Algunos awliya´ (allegados de Dios) preguntaron sobre los abdal: “¿Cuántos son?” Muhammad contestó: “Cuarenta almas”. El que preguntaba le dijo: “¿Por qué no has dicho cuarenta hombres?” .

Respondió: Porque entre ellos pueden contarse también mujeres y nuestra intención es [referirnos] solamente a la perfección, en quienquiera que aparezca.” Mientras ibn Arabi escribía esto desde Al Andalus, en Europa , los teólogos (todos ellos hombres) discutían incluso si las mujeres eran seres humanos -¿Tienen un alma, o eran más equiparables a los animales superiores, como los caballos y perros?-. Las mujeres mismas internalizaron estas actitudes y creían en ellas o las aceptaban” El Concilio Vaticano I consiguió restituir por un solo voto, y tras largos debates, el alma en las mujeres», ESTAMOS HABLANDO DE 1869.

Es por eso que la recuperación de lo femenino por parte del Temple, viene por la influencia del pensamiento sufí.

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