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El camino del Fuego…

Estaba leyendo un post de Alberto Moreno, sobre la Masonería en el cine cuando de repente leí algo sobre que la iniciación femenina era cosa de “ruecas”… y decidí tener un blog que versara sobre esa sabiduría ancestral que es cosa de mujeres y sobre lo sagrado en lo femenino.

Hoy por hoy se ha desvirtuado la palabra “chamán”. Esta palabra se ha convertido en un cajón de sastre, donde se mete a toda una extraña fauna, de mercachifles, magos, videntes, mediums, curanderos, brujos y misticos de la nueva era que se inspiran en culturas primitivas.

En una especie de paternalismo que esconde incluso a veces cierto desprecio por sentirse superior a esas culturas “naturales” y “retrasadas”, mientras que otros sujetos admiran sin usar la razón, todo lo que les parezca sinonimo de conectado con la tierra. En realidad, los segundos proyectan sus ideas propias a culturas que apenas conocen. Y así surgen extraños personajes reencarnaciones de antiguos hechiceros, que se llaman sin saberlo “furunculo blanco”, o “cabeza llena de caca”.

La palabra chamán, viene de la palabra “shaman”, que es una palabra tungus, lengua que se habla en un territorio de Siberia, entre los ríos Yenisei y Lena. Así que el chamanismo es un fenómeno siberiano… aunque actualmente se usa la palabra  para definir a los “magos de la tierra” de el planeta.

Desde tiempos prehistóricos, lo que ha caracterizado a un chamán, es su capacidad para abandonar s cuerpo y viajar a voluntad entre los diferentes planos de conciencia o mundos. El chamán alcanza la maestría para viajar entre cielos e infiernos, mediante el conocimiento, el sacrificio y un don con el que se nace, pues no está al alcance de todos el poder ser un chamán. Se ayuda con ritmos monótonos y repetitivos, ingestión de plantas y diversas sustancias que le alteran la conciencia, danzas, etc.