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El simbolismo de la puerta.

Siempre me han fascinado las puertas y sus aldabas. De pequeña imaginaba su sonido y como estas puertas al tocar su aldaba,  te ponían en contacto con un Reino Mágico. Por ellas  entraba en un encantamiento, la puertas se volvían doradas y encontraba al Príncipe Durmiente, mi versión infantil y libre, de la Bella Durmiente.  Es algo superior a mi.  Hoy estaba repasando el paseo temático que estrenaré el sábado sobre Tulaytulah (Toledo islámico) cuando empecé a mirar las puertas de la ciudad y decidí hacer este post. No vamos a encontrar un Príncipe Mágico pero si un poco de la sabiduría arquetipica que encierran las puertas.

Para entender lo que representa la puerta, hay que tener claro que  es un lugar de tránsito, de ahí que su simbolismo  se centre  en ese paso, o unión de diferentes mundos, estados o situaciones diferentes.

La Luz y la Oscuridad, la Vida y la Muerte, la Ignorancia y la Sabiduría. la Culpa y el Perdón, el Cielo y el Infierno, el Tesoro y la Necesidad,… La puerta siempre nos introduce al viaje, al Misterio. Es un símbolo dinámico que nos invita a traspasarla, es la invitación al viaje hacia el más allá. Es la invitación para penetrar en lo sagrado y dejar atrás lo profano. Y así tenemos las portadas románicas, las catedrales góticas, las puertas de mezquitas, templos hindúes, ciudades khmers, o los torii japoneses.