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La llamada de la Tierra

Toda forma viviente en el universo y por ello en la Tierra, tiene una energía que responde a una frecuencia particular. Una red de líneas energéticas se unen en cada criatura, de la ameba más insignificante al cetaceo más grande… desde el agua de los ríos, mares,  y oceanos, a los cristales y piedras, pasando por los vegetales, todo ser  tiene su alma. Y la Tierra es un ser sensible, como usted y como yo. La Tierra tiene su propio latido de corazón. En menos tiempo en lo que he escrito estas primeras  líneas, la tierra habrá efectuado unas 8 pulsaciones. Esta vibración puede considerarse el latido de nuestra Tierra y cada criatura, planta, roca, aguas, y nosotros mismos en cada celula de nuestro cuerpo hemos resonado con la frecuencia de la Tierra. Esto nos conecta a todos   en la Nave Tierra.

 Esta frecuencia o latido, tiene un nombre, es la resonancia Schumman, y en los ultimos años ha ido subiendo poco a poco a un nuevo nivel vibratorio. Ese ascenso vibratorio fue recogido en textos sagrados como el maya o en el Antiguo Egipto, procede     del centro de la galaxia. La energía decían los antiguos viaja desde el centro de la galaxia, de allí a nuestro Sol y desde allí a la Tierra. Tras numerosas pruebas los cientificos piensan que los latidos subirán de 8 por segundo a 13. El 13 es uno de los números enigmáticos de la humanidad, es el peligroso de la Tabla Redonda. Bromas aparte, viene por la serie Fibonacci, el número aureo , la espiral universal, el plan divino o como lo queramos llamar, qu es 1,2,5,8,13.. y es esa secuencia del número aúreo la que  da  una base cientifica a algunas profecías.

Curiosamente 8 pulsaciones por segundo es el estado de meditación en el cerebro humano que   en estados profundos de relajación trabaja a    13 pulsaciones . Es decir la Tierra  está teniendo una apertura o salto de conciencia, a nivel planetario.  Tal vez si nuestra codificación asciende, podamos percibir criaturas como los ángeles que vibran a niveles más sutiles, quizás esto es lo que anuncian los círculos de los cosechas, en los últimos meses, y quizás este salto es el que quieren evitar a toda costa, los trabajadores de la oscuridad. Nuestro deber como guardianes de la luz, será proteger a la Tierra, y todo lo que en ella habita, es decir la vida… para que ese salto, esa apertura sea pósible.

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