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Masones, templarios y benedictinos


Después de tantos años de estudio sobre mi gran pasíón, la Orden del Temple. No me queda más que opinar que he leído mucha basura de gente que repite y repite, trabajos que quedaron desfasados hace décadas. Hay una verdadera mitología moderna alrededor de la Orden y se olvida lo fundamental que era una Orden de monjes que juraban obediencia a Dios y al Papa, y tenían a María como Nuestra Dama. Se buscan explicaciones de símbolos y oficios que verdaderamente en algunas casos son demasiado imaginativas y se deja de lado la tradición católica, apostólica y romana a la que como institución eclesiástica pertenecían.

Una de esas piezas claves, está en que muchos “especialistas” de la Orden del Temple, no tienen ni idea de órdenes religiosas como el Cister. o los Benedictinos. Bueno algo si saben, que San Bernardo era sobrino de uno de los primeros caballeros del Temple y su Regla está inspirada por el Cister. Pero esto es porque lo leyeron de pasada en esos libros de “mitología templaria”. Y cuando digo “mitología templaria”, no me refiero a obras como la de Jesús Ávila, persona a quien respeto hace muchos años, sino a esos bodrios anglosajones que nos han llegado ultimamente y gente que fusila textos.

Hoy vamos a centrarnos en los cluniacenses o benedictinos, auténtico eslabón perdido entre las Órdenes Militares que se crean en Tierra Santa y la Masonería. Fueron las investigaciones de Eduardo R. Callaey, que ha colgado en internet o publicado en algunos de sus libros las que me dieron la pista y por ello leí sobre esta orden religiosa.

A más de uno que se ha acercado a los enigmas medievales sólo desde libros de pseudo-folcklore histórico que hablemos de cluniacenses y no de supuestas ordenes francesas de origen incierto y nacionalidad francesa como la supuesta Orden de Sión, pero que aunque hubiera existido, habría estado en pañales cuando la Orden de Cluny, ya era experta en el manejo de la información, era la archivera de la Iglesia, y cuya mano la vemos metida y bien metida en temas como el afianzamiento de la Corona de Castilla o las Cruzadas.

La Orden Benedictina, es la primera orden monástica creada en Europa pero con grandes raíces orientales, en el año 529 por San Benito de Nursia. La casa madre, fue la Abadía de Monte Cassino, que fue muy dañada por los bombardeos aliados (Estados Unidos) en la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de seguir los modelos orientales se diferenció de estos en que puso más hincapie en conservar una disciplina. La Regla de San Benito prescribe a sus monjes y monjas que residan en el monasterio, que busquen la perfección y la obediencia a los superiores. Y la celebración del oficio en comunidad es muy importante. De ahí que desde el principio estudiaran arquitectura para hacer las iglesias de sus monasterios. Su periódo de máximo poder fue entre los siglos VI al XI, periodo en el que fueron los grandes difusores de la cultura en Europa. Su lema ora et labora, les hizo que mejoraran las técnicas agrícolas de Occidente, además de preservar el arte y la cultura en la Edad Media. Después de ese momento de máximo esplendor destacan la Congregación de San Mauro, en el siglo XVII, por sus labores literarias en Francia. Y ya en tiempos modernos destacan sus abadías de Maria Laach en Alemania, Montserrat en España, Mont Caesar en Bélgica, Solesmes en Francia y Saint-John’ s Collegeville en Estados Unidos que tienen el liderazgo del movimiento litúrgico católico moderno. Abadías como Chevetogne en Bélgica y Lisle en Estados Unidos, trabajan en pro de la reunificación de las iglesias Oriental y Occidental. Y ramas benedictinas son los trapenses y los cistercienses entre otros.

Benito de Aniano quiso llevar a cabo la reforma benedictina que Benito de Nursia creara, ya que los monjes se habían “relajado” a la sombra del poder imperial. Pero el imperio carolingio fue efímero y se hundió muy pronto. Una segunda reforma llegó desde el monasterio borgoñón de Cluny, que había sido fundado en el año 910, desde allí sus grandes abades tejieron cambios y revoluciones culturales a nivel europeo, pero en vez de ponerse a la sombra del poder temporal lo hicieron bajo la protección directa de ROma y el Papa. Y de nuevo volvió un momento de esplendor máximo durante más de 200 años, en los que San Odón, Mayeul, San Odilón, San Hugo y Pedro el Venerable que gracias a sus vidas longevas pudieran llevar a cabo un proyecto monacal que ha sido único en la historia europea.

La reforma cluniacense, no fue tal, sino más bien fue un volver a los ideales primitivos adaptados a los necesidades de su tiempo San Benito de Nursia, cuatrocientos años atras, no podía imaginar que sus monaterios pudieran ser objeto de trueque, herencia, o venta siendo verdaderos motores económicos de las zonas donde estaban asentados. Tampoco pudo preveer que su Regla tenía huecos, donde los condes y reyes de turno podían agarrarse para imponer su abad de turno que sirviera a sus intereses. Cluny convirtió a la Orden, en un motor con engranajes en cada monasterio y la Casa Madre, con objetivos comunes y con obediencia al Papa. De esta forma la fuerza no se disgregaba en compartimentos estanco sino que golpeaba con la fuerza de un sólo golpe. Así que la reforma cluniacense consistió verdaderamente en blindarse contra las influencias externas, recuperando el espíritu original.

Cluny a la sombra de San Odilon (994-1008), se dedicó a ser un ejemplo de la vida monástica, un espejo terrenal de la gloria de Dios. De esta forma las donaciones llegaron a Cluny para que se convirtieran en oraciones por aquellos monjes que eran la cúspide de la pureza y eran considerados santos por el pueblo. España fue uno de los países que más dinero envío a Cluny desde el principio . Desde el conde Seniofredo de la Cerdaña, pasando por Sancho el Mayor.

Y así fue como una reforma que quería pretender blindar a las abadías contra las fuerzas externas de este mundo, se convirtió en un imán de dinero que las convirtió en ricas y poderosas. Tanto que sus cenobios tenían el poder de su tiempo.

Y así mientras el Abad Suger, se jactaba de las bellezas de la Iglesia del MOnasterio de Cluny, digno lugar para albergar la Eucaristía. Se le estaba propiciando un golpe del que nunca se recuperó del todo, la reforma cisterciense, llegaba, anunciando sencillez, simplicidad y austeridad porque todo lo demás distraía a los monjes.

Pero hasta ese momento los cluniacenses, habían acumulado tierras y más tierras, riquezas sin fin, y reliquias.

Para mantener aquel motor se precisaban albañiles, arquitectos, orfebres, joyeros, escultores, que al principio surgían de entre los propios monjes y luego fueron laicos contratados que vivían en dependencias anexas al Monasterio.

Desde tiempos de las cavernas al hombre le ha fascinado, lo oculto, lo mistérico. El verdadero sentido de la existencia, nuestros cimientos como personas han sido custodiados por castas sacerdotales, brujos y chamanes que tenían el conocimiento. Y como bien dice el dicho, quien tiene la información tiene el poder.

Así encontramos “ritos de iniciación”, “ritos de pasaje” desde el alba de los tiempos, transmitidos de forma simbólica, compleja y oscura.


La masonería, opinen algunos lo contrario debe mucha simbología a las Ordenes Militares ( léase Temple) de ahí que en sus ritos se usen espadas, guantes, y demás objetos militares. Pero de donde bebe la masonería en cuanto a símbolos de “albañiles”, ¿De ese Hiram mitológico? Mucho más cercano a el, tenemos a los albañiles benedictinos y está claro que ellos transmitieron sus conocimientos y símbolos a los masones templarios y a los masones laicos que colaboraron con ellos en sus obras.

Masones y templarios utilizaron unos símbolos para transmitir sus conocimientos de ese algo llamado trascendencia. Pero estos símbolos lejos de pertenecer a una serie de logias laicas fueron usados en catedrales y abadías con anterioridad. Y sino, como explicarse que Dios aparezca con los instrumentos del Arte, particularmente el compás, con el que traza los planos de la Creación, durante la época medieval. Algunos de los símbolos que veremos en la masonería, se pueden observar en los confines del Mediterráneo Oriental y en las ruinas de Pompeya. La herencia de los Collegia Fabrorum, se conservó en Europa, a través de los monjes.

Los orígenes de la masonería son bastante inciertos si bien muchos autores suelen decir que bebe de diferentes fuentes, como la Cábala Judía, la Alquimia, el Hermetismo y los rosacruces del siglo XVII.

Pero en este grabado antiguo, tenemos un grupo de masones, estudiando libros, a la luz de la Delta, donde podemos leer, el primer versículo de San Juan, “donde la luz se abre paso en la oscuridad”.

De la Orden del Temple, tenemos más claro cuales fueron sus orígenes y objetivos. Nacen en Tierra Santa, casi todos son oriundos de Champaña, y son liderados por Hugo de Payens.Y en 1118, Balduino II, les dona parte del “Templum Salomonis”, concretamente lo que fueron las caballerizas del Templo de Salomón, donde los musulmanes pues entre otras cosas habían establecido la Mezquita de Al-Aqsa.


San Beda, mosaico de la Abadía de Westmister

Durante dos siglos los templarios crearon una organización poderosa y ejemplar en cuanto a objetivos y funcionamiento. Poseían preceptorías y encomiendas en toda Europa, y participaron activamente en la Reconquista española y en las Cruzadas.

La tradición masonica del “Aprendiz Masón”, “Compañero Masón” y el”Maestro”. Habían bebido de la leyenda de Hiram Abi, el fundidor fenicio convocado por el rey Salomón para que construyera su famoso templo.

Lo curioso es cuando sabemos que esta leyenda tiene su origen en las antiguas logias benedictinas que organizaron los monjes cluniacenses. ç

Estas logias benedictinas, bebieron de las interpretaciones alegóricas que hicieron los Padres de la Iglesia sobre el Templo de Salomón, alegorías que recrearía el el historiador inglés, San Beda el Venerable, monje benedictino que murió hacia el año 734. Allí en Britania, escribió su obra “De Templo Salomonis”, en la que descansa toda la doctrina masónica.

Alcuino de York

Su doctrina, llegó a través de sus hermanos benedictinos Alcuino de York (siglo IX) (no olvidemos que en estas fechas, Britania, tiene un gran resurgir de la Filosofía y las Letras en sus Abadías), y será Alcuino el culpable, del Renacimiento Carolingio, desde sus clases en Tours (Francia). Rabano Mauro, discípulo benedictino de Alcuino de York. Rabano Mauro, dejó muchos escritos entre ellos versos y prosas con curiosos caligramas, y juegos de palabras en formas de estrellas, cruces y otros simbolos, en su De Laudibus Sanctae Crucis (810-822) en que habla del simbolo cristiano y los nombres de Cristo con mucho artificio y complicación.

Otro de los transmisores de esa cadena de simbología masonica, fue el monje Walafrido Strabo, llamado así por su estrabismo, monje benedictino que siguió con los trabajos de su predecesor Rabano Mauro.


En un libro publicado no hace mucho, un equipo suizo de investigación empresarial llegaron a la conclusión de que las empresas deberían adoptar los usos de los monasterios benedictinos. El título del libro es significativo: “Lo que las empresas pueden aprender de los monasterios”. Esto ya empieza a darnos pista sobre de donde beben los templarios, para organizar la primera multinacional y la letra de cambio.¿Dónde estaba el secreto? A la Orden los unía la monumental Regla de San Benito. Ella establecía un equilibrio perfecto entre el incentivo al éxito personal, la recompensa por los resultados y el crecimiento de la Orden. El sistema era tan perfecto, que incluso bajo una mala administración —en el caso de abades desinteresados por la gestión— la Orden progresaba.

Los autores del libro concluyen: en su gestión, cada monje tenía muy claro que el objetivo último de su trabajo no era su ventaja personal, ni siquiera la de la Orden, sino que todo se hacía teniendo a Dios en mente. Dios debía reflejarse en la grandeza de la Orden y de la Civilización Cristiana que ella engendraba.